miércoles, 5 de mayo de 2021

Nigeria, capítulo 4 de ¿ ? Primera semana: sobrevivencia básica.

 




Como dije en la entrada anterior, el hotel se veía bueno, normal, tenía hasta piscina. Se cortaba la luz a cada rato, pero no nos importaba mucho, excepto de noche cuando era tarde y se suponía que yo tenía que poder comunicarme con mis colegas en Santiago. Como había 6 horas de diferencia, cuando acá eran las siete de la tarde y mis colegas me mandaban un mail o querían hablar conmigo, allá era la 1 am. Me pasé varios meses trabajando a esas horas, para dar continuidad a los juicios pendientes en Chile. 


Carlos empezó a trabajar en cuanto llegamos, se iba y volvía en taxi al Banco Central, y yo me quedaba en el hotel sin poder salir, porque ya estábamos advertidos que no era una buena idea salir sola por las calles, siendo mujer y blanca. El riesgo de ser secuestrada era alto, sólo por mi color de piel. Los secuestros eran pan de cada día. 


Igual estando en el hotel, empecé a buscar ONG´s dedicadas a derechos humanos donde hacer algún voluntariado, tarea que no era nada de fácil. Las únicas que existían eran nacionales, y tenían que bambolear entre tres mundos en un mismo país: el gobierno, corrupto a más no poder, el mundo religioso porque hay musulmanes, cristianos y más o menos un 10% de la población tiene su propia religión étnica, como los Igbo quienes tienen la religión Odinani, la cultura tradicional, y el derecho, que es un enredo salvaje.


Esto de inventar un país dibujando líneas en un mapa, es una de las peores atrocidades cometidas por el ser humano. Nunca voy a poder entender, cómo un par o tres poderosos se han arrogado el derecho de inventar divisiones donde no las hay, o al revés, no respetar divisiones donde sí las hay.


Esto es lo que pasa en Nigeria: es un país que tiene -se supone- alrededor de 190 millones de habitantes. Digo que se supone, porque la verdad es que por lo que vi después en las aldeas, la gran mayoría de los niños y niñas no estaban inscritos en el registro civil, y no se hacen censos acuciosos. Los pueblos originarios de la zona, que son cientos, tienen una historia milenaria de guerras y de paz entre ellos, al igual que la histórica lucha entre musulmanes y cristianos, más reciente, entonces la pregunta que queda es: ¿Qué los une? me vine de vuelta a Chile y para siempre jamás, sin respuesta.


Ahí, en medio de tratar de entender algo, yo buscando una ONG donde poder hacer una actividad. Lo que sea, obvio, porque fuera del territorio nacional no soy abogada, soy más bien un cero a la izquierda.


Lo primero que me encontré fue una ONG que luchaba por evitar la lapidación de mujeres embarazadas, y pedían a la Corte Sharía que esperaran a que naciera primero el bebé, y lapidar a la madre después. Yo, aún envestida y empoderada de mi convicción de que con los derechos humanos no se transa, por ningún motivo acepté participar de esa ONG. Según yo, toda entera occidental y creyendo que me las sé todas, no hay otra opción que exigir que se termine de una vez con la lapidación. Es bien probable que ellos hayan tenido razón, porque al final del día, lograban salvar bebés. Claro que automáticamente quedaban huérfanos, pero al menos se salvaba una vida. 


Así, primera ONG descartada. 


En el intertanto, fui a la piscina especialmente en las tardes, estábamos en época de lluvia, y hacían 44° C mañana, tarde y noche. La piscina era un lugar genial, había música que inundaba el lugar, un ritmo que nunca había escuchado, y habían mujeres y hombres que estaban riéndose, felices, bailando dentro del agua. Esto lo vi el primer día, el segundo, el tercero. Como estaba sola porque Carlos estaba todo el día en el Banco, los primeros dos días no me atrevía a conversar ni nada, me limitaba a aprovechar el placer del ritmo, del sol/nubes/lluvia/sol y en general, del ambiente.


Claro que como hacían 44°, yo circulaba en traje de baño con algo encima, o con polera con pabilo (esas que no tienen manga) y jeans. Total, las mujeres que estaban en la piscina se vestían así, y como el refrán es "donde fueres haz lo que vieres", yo pensaba que mi vestimenta estaba enmarcada en el respeto al que se refirieron en el correo del Banco Central (capítulo 1).


Había, eso sí, un detalle que me llamó la atención. Todos los días, al ir a almorzar al restorán del hotel, observé que las mujeres quienes estaban comiendo se vestían de forma diferente, de hecho, muy elegante.





La vestimenta de ellas no tenía nada que ver con la mía, ni con la de las mujeres que estaban en la piscina. Pensé que quizás se vestían de forma especial para almorzar. 


Entre ( ) todas las fotos  fueron tomadas son con permiso, en Nigeria detestan que uno tome fotos sin preguntar.  


Así, al tercer día, el garzón que atendía en el restaurant -Kenneth- me dijo "I would like to see you in a nice Nigerian dress", me gustaría verla en un lindo vestido Nigeriano. Yo, completamente perdida, le contesté con un simple "Gracias, pero soy chilena y prefiero usar jeans". Tonta yo, no entendí la sutileza de la advertencia de Kenneth. 


Después de almuerzo, fui a la piscina, y me animé a conversar con las mujeres que estaban dentro, felices bailando, y les pedí que me enseñaran a bailar. Estaba fascinada con la música pero no tenía idea cómo se bailaba, y obviamente es imposible hacer los movimientos que ellas hacen, pero era divertido intentarlo. 


Estuvimos un buen par de horas muertas de la risa, nos reímos de mi torpeza, de mi falta de comprensión de lo que hablaban (ahora sé que es un inglés que se llama Pidgin o Broken English, que significa inglés quebrado, entonces no es acento, es otro inglés). 


La música era de un cantante nigeriano que se llama Timaya, el álbum se llama True Story. 


https://open.spotify.com/track/7dtHMHGnOKtFX63BhLmgIL?si=2daa437e189f4ee3


Cuando llegó Carlos de vuelta de la oficina ese día, lo primero que hizo fue tirarse a la piscina, él tiene alma de águila/pez/búho, y yo de lobo/colibrí/lagartija, asi que nuestra dinámica respecto del agua suele ser que él nada y nada y sigue nadando, y yo tomo sol, y sol, y más sol. 



Antes del atardecer (muy importante, no olvidar los mosquitos) me invitó a salir a caminar un rato porque yo no había salido a ninguna parte, así que salimos a dar una vuelta a la manzana. Ahé me di cuenta de la importancia de las veredas. Como no hay, teníamos dos opciones: caminar por la calle a riesgo que nos atropellaran, o caminar por el pasto. Carlos quería caminar por el pasto y le dije "Nooooooo, ni cagando, pueden haber culebras!". Esa vez tuve razón, hay culebras en el pasto, es mejor caminar por la calle con el tránsito en contra, es decir, mirando los autos que vienen. 


Ya veníamos de vuelta de la caminata, cuando pasamos frente a un grupo de varios hombres musulmanes (se notaba por la vestimenta), y antes de pasar frente a ellos empezaron a gritarnos en un idioma inintelegible, pero se notaba que estaban enojados, y mucho. Me tiraron un escupitajo que alcancé a evadir, e instantáneamente a Carlos le salió su lado de chileno-que soluciona-a-combos y quiso retroceder a pegarles. Lo agarré del brazo y le dije algo como "Huyamos por la izquierda mejor Leoncio, son ocho contra uno" y menos mal que me hizo caso.


Llegamos al hotel, directo al sector de la piscina que tenia, además, un bar. Ahí estaba Brian, un gringo que habíamos conocido la noche anterior, trabajaba en el Banco Mundial y llevaba como 10 años recorriendo África y repartiendo conejos. Era un programa de ayuda para auto-sustentación de familias en las aldeas, entregaban conejos para que las mujeres los criaran y pudieran alimentarse. Hace rato habían descubierto que los hombres no hacían la pega, agarraban los conejos y los vendían, en cambio las mujeres sí se dedicaban a la crianza.


Nos acercamos a Brian, a preguntarle por qué me escupieron. Dijo que era por la ropa, mi famosa polera sin mangas y los jeans. Se sintieron ofendidos porque me encontraron atractiva, o sea, en vez de tirarme un piropo o un chiflido, fue un escupo, porque los tenté. 


Entonces le pregunté a Brian, ¿Cómo, por qué, si las mujeres que están aquí en la piscina están todas vestidas igual que yo?


Brian: "Si, pero todas ellas son prostitutas".


Fue así, como los primeros días en Nigeria anduve todo el tiempo vestida de puta sin saberlo. Con todo respeto por ellas, claro está, más encima me enseñaron a bailar.


To be continued....






Capitulo 3: Llegamos a Nigeria, primer impacto.

 



Al llegar al aeropuerto, lo primero que nos llamó la atención fue el desorden, no se entendía nada, no habían letreros, entonces nosotros seguíamos a los demás pasajeros, que uno supone sabrán adónde hay que ir. Habían montones de hombres que nos llamaban, nos hablaban, y al principio me demoré en entender lo que decían. 


En Nigeria la gente joven habla inglés, pero con un acento muy especial.  Pareciera que el acento proviene del hecho que su lenguaje materno o primera lengua es tribal, pero resulta que hay muchas tribus, hay 250 grupos étnicos, y 500 idiomas, pero el acento inglés es el mismo para todos, o al menos yo no pude nunca distinguir un acento diferente entre personas de las tribus Igbo, Hausa, Fulani, Yoruba o Edo. 


Estábamos ahí, siguiendo la corriente como los peces o quizás contra la corriente como los salmones, pero daba lo mismo porque igual no entendíamos nada de nada.


Alguien nos hizo señas y nos insistió mucho, que fuéramos con él, que nos ayudaba con las maletas, así que nos rendimos y lo seguimos. Obviamente el otro impacto es el vestuario, y la alegría de la gente. Todo es colorido, los hombres usan camisas largas y pantalones de la misma tela, una cuestión fascinante. 


Supongo que todos hemos visto películas y documentales sobre África, pero ninguna foto, ninguna película, puede acercarse a la realidad, quizás por una razón simple: las películas no tienen olor, no tienen más que una dimensión, y además se eligen las escenas o peor, se fabrican. Entonces lo que uno ha visto, es lo que alguien quiere que uno vea, no necesariamente algo cercano siquiera a la realidad. 


Seguimos al hombre que tenía una sonrisa casi más grande que su cara, vestido de mil colores. En un santiamén estábamos con maletas y todo dentro de un taxi.  


¡No nos dimos ni cuenta que nadie nos timbró el pasaporte, no llenamos ni un papelito, nada! Creo que como dos meses después nos fijamos en ese detalle: legalmente no existíamos, nunca ingresamos al país.  Tomamos conciencia del peligro de ese hecho cuando ya estábamos demasiado conscientes que nos podían secuestrar, pero eso viene más adelante, es capítulo aparte. 


Carlos en el taxi notoriamente hiperalerta, preocupado, era un mundo nuevo, totalmente desconocido. Yo, feliz, mirando por la ventana los árboles, la gente, mujeres con canastas sobre la cabeza, hasta que llegamos a la ciudad. Abuja (o Abuya).  


La capital de Nigeria no es la ciudad más poblada ni la más antigua. La más poblada es Lagos, Abuja fue planificada y se comenzó a construir en la década de los 70, probablemente durante alguna de las múltiples dictaduras, arrasando con máquinas retroexcavadoras a aldeas completas. En serio. 


Por una parte, es una ciudad moderna en el sentido que se planificó con calles anchas, edificios de gobierno bien construidos, etc., pero se les olvidaron algunos detalles.


Uno de esos detalles fue que no calcularon la cantidad de energía eléctrica que se necesitaba para la ciudad, o sea, no hay. Creo que el sistema de energía se daba por sectores y dos horas al día, pero en realidad todo funciona con generadores eléctricos, cada edificio, y la gente que puede, tiene su propio generador. 


Esto implica, entre otras cosas, que esta ciudad maravillosamente diseñada, tenía semáforos en todas partes pero ninguno funcionaba, y a nadie se le ocurrió jamás, cambiar los semáforos eternamente apagados por un disco "pare" o "ceda el paso", como para que exista algo de orden. 


Así, pareciera que los choferes juegan a los autitos chocadores todo el día: pasa el que pega más fuerte. Nunca vi un auto que no estuviera lleno de cicatrices de guerra por el paso por las esquinas. Estaban abollados por todos los costados, algunos incluso con vidrios quebrados y ya nadie se tomaba la molestia de repararlos. 


Otro detalle que me llamó la atención, pero al que por error, no le di importancia, es que también se les olvidó hacer veredas, cunetas, y caleteras.


Llegamos así, al único hotel que encontré por internet que no fuera de esos de cinco estrellas que son impagables, al menos para nosotros. 


El hotel se veía bien, limpio, la gente que atendía super agradable. Las escaleras estaban chuecas pero como allá no tiembla y ya habíamos visto edificios cuyos muros y piso parecían haber sido construidos para que uno se maree, no nos preocupó. De hecho, el pasillo tercer piso donde estaba nuestra habitación, daba la impresión que uno estuviera caminando sobre el mar. Tenía olas. 


To be continued... 






Nigeria: Un cúmulo de aterrizajes forzosos. Capítulo 2 de ... ¿ ?

 



Aníbal con Bietush. Se nota que es bueno para la talla, ¿no es cierto? Nos encontramos en Madrid después de un viaje que no estuvo exento de inconvenientes, por supuesto.


Uno de ellos fue el repelente para los mosquitos. Como en Nigeria hay malaria, y ese bicho es transmitido por los mosquitos, la regla número uno es llevar repelente (aparte de no salir al atardecer), y no se trata de un repelente común que uno pueda comprar en una farmacia. Es uno nuclear, ni me acuerdo cómo se llama pero tiene que contener DEET y lo vendían en un solo lugar en Santiago. Como no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar en Nigeria, o mejor dicho, sabíamos que íbamos a un país que carecía de cosas que uno da por sentadas, como por ejemplo el agua,  era de mínima lógica pensar que conseguir el famoso repelente allá podría ser difícil. 


Compramos varios frascos, y cometí el error de llevarlos en la maleta de mano. Llegamos a Sao Paulo, pagamos un ojo de la cara y la mitad del otro por un café y algo para comer, y al querer subirnos al segundo avión rumbo a Madrid, me sacan los repelentes (porque son líquidos) y se iban a la basura. Menos mal que muchos años antes viví como ocho meses en Brasil, y algo hablo de portuñol. Le dije al guardia que si botaba a la basura nuestro repelente, era como una condena a muerte, y logré convencerlo de enviarlo por la guata del avión. 


Llegamos vivos, con seis de las ocho vacunas requeridas,  y con repelente a Madrid. 


Hacía un calor brutal, creo que más de 40°C. La única vestimenta razonable, al menos para mí, era una polera con pabilo y jeans. 


Caminamos, recorrimos, compartimos con Aníbal y la gorda, con Guadalupe y su marido,  e hicimos todas las cosas que una pareja hace cuando está de luna de miel, porque en el fondo, eso parecía. Una luna de miel. 


La noche antes de partir, Carlos invitó a Aníbal y a Bietusch a comer a un restaurante, bien bonito. Estábamos comiendo -lo recuerdo perfectamente, hasta con olor incluido- un aperitivo de melón con jamón serrano, exquisito. De repente, de la nada (al menos para mí), Carlos le dice a Aníbal que había un tema que quería conversar con él. Este fue el diálogo, y no es chiste:

Carlos muy serio : "Aníbal, te quería decir que yo tengo intenciones serias con tu mamá, quiero casarme con ella".

Aníbal con cara de seriedad duplicada: "Ah. Bueno, antes de darte mi opinión, necesito hacerte dos preguntas."

(yo, pensando "Oh no... ¿¡Qué weá va a hacer el Aníbal!?" 



Carlos: "Si, claro, pregúntame lo que quieras".

Aníbal: "Quiero saber cuántas parejas sexuales has tenido en tu vida, y de ésas cuántos han sido hombres". 


Por supuesto que en el instante tanto Bietusch, como Aníbal y yo estallamos con unas carcajadas incontenibles, de esas que uno llega a llorar, mientras Carlos estaba más bien perplejo, y aún cuando nos estábamos riendo a gritos, igual le contestó. 


Qué manera de reírnos después! Aníbal contó con lujo de detalles, que meses antes Carlos (hijo) lo había llamado y le había contado de la conversación en el Tavelli, y entre los dos -sumada la gorda que es igual de troll- planificaron durante todo ese tiempo, "cómo hacerle el mayor daño psicológico con la menor cantidad de palabras posibles" (sic), a Carlos G.  


El desafío fue ampliamente logrado, Carlos G. estaba, al momento en que Aníbal le hizo la pregunta, estupefacto.


Nos despedimos en el metro, confieso que me dio pena pero me tragué las lágrimas porque Aníbal me trollea cuando lloro en las despedidas. 



Al día siguiente, partimos a Londres, donde estaríamos unas cuantas horas antes de seguir viaje a Abuja. 


Llegamos a Londres, y yo desesperada por fumarme un cigarro. Tengo una relación literalmente tóxica con el tabaco, es una adicción horrible y aún cuando he logrado dos veces dejar de fumar durante más de un año, he vuelto tres. 


Busqué la zona de fumadores (que en ésa época existía en muchos aeropuertos) pero no había. Pregunté si podía fumar en alguna parte, y la única posibilidad era salir del aeropuerto y fumar en la calle, bajo las penas del infierno en caso de hacerlo en un lugar prohibido. Penas de verdad, no como las chilenas. Es cárcel.


Carlos, quien no fuma, súper amoroso me acompañó, porque obvio, yo estaba dispuesta a pasar por fila de inmigración, etc., con tal de salir, ¡si más encima teníamos que esperar como seis horas para el siguiente vuelo!


Al llegar al funcionario de inmigración, nos pidió los pasaportes, y vino la pregunta, en un inglés perfectamente británico:


Funcionario: "¿Cuál es el propósito de su viaje?"

Yo: "Vengo a fumar".

F: ¿A fumar? ¿Cómo es eso? (con cara de expulsión del país)

Yo: "Vamos a Nigeria, tenemos seis horas de espera para el vuelo, y necesito fumar"

F: ¿¿¿¡¡¡A NIGERIA!!?????? ¿Qué van a hacer en Nigeria? (con cara de espanto)


A todo esto, y como siempre entre paréntesis, hacía rato me había dado cuenta que no estaba dispuesta a estar varios meses tirada de guata al sol mientras Carlos trabajaba, y había decidido hacer voluntariado en derechos humanos. Logré hacer un trato con Carlos: Niños y mujeres maltratadas, si. Presos, no. Busqué en Santiago, antes de partir, organizaciones con las que podría trabajar, pero no existía ninguna de las conocidas. Había un largo historial de abogados y defensores de derechos humanos asesinados.


Carlos: "Voy a hacer un modelo macroeconómico al Banco Central".

Yo: "Voy a hacer voluntariado en derechos humanos"

F: "¿¿¡¡Voluntariado en derechos humanos en Nigeria??!! Vaya, fume todo lo que quiera!! 


Y nos dio a ambos, visa indefinida. 


To be continued.... 

Nigeria: Aterrizaje forzoso de ida y de vuelta. (Primer capítulo de ... ¿ ? )

 



Esa es una de mis fotos favoritas de Nigeria. Generalmente no salgo en las fotos, porque me gusta más tomarlas a que me las tomen. Me encanta estar detrás de la cámara, tratar de captar momentos. 


Quizás esto de preferir estar detrás de la cámara sea parte del trauma por haber sufrido abuso sexual de niña. Ser "bonita" significaba peligro. Por eso no me maquillo, y durante más de 45 años no usé el color rojo, excepto en Nigeria. 


Claro, allá todos se visten de colores alegres, usar rojo no llamaría la atención más que mi color de piel. O sea, allá no podía pasar piola como acá, llamaba la atención sí o sí, porque casi no hay personas de piel blanca. 


Volviendo a la foto de entrada, nos estábamos riendo a carcajadas, o mejor dicho mis compañeras de  conversación se estaban riendo de mi, porque les pedí que no me discriminaran por ser blanca, y porque además les dije que yo era negra pero que me había desteñido, lo cual es verdad. Todos los seres humanos provenimos de África.


Voy a tratar de superar mi dispersión y partir por el principio. 


A mediados del año 2009, Carlos y yo estábamos pololeando. No llevábamos mucho tiempo juntos, quizás unos cinco meses, pero yo sabía que era una relación de verdad, profunda, un amor grande. El es economista, y desde el Banco Central de Nigeria le pidieron que hiciera un modelo macroeconómico -que jamás entenderé- para estabilizar la economía, o algo así. Era un trabajo que demoraría más o menos cuatro meses, él tenía que irse para allá, y me pidió que lo acompañara. 


A esas alturas de la vida, yo tenía casi 48 años, mis hijos ya estaban grandes, peludos, primogénito -Aníbal-  se había ido a Chequia supuestamente por un año pero ya habían pasado dos o más, y segundogénito -Carlos- estaba por terminar la universidad. Trabajaba en forma independiente, desde hacía años y hasta hoy, dedicada al derecho de familia, obviamente tenia responsabilidades con mis clientes y sobre todo, con los niños y niñas, mis clientitos. Para mi, todos son "mis niños". 


De este modo, me vi en una disyuntiva: acompañaba a Carlos en una larga aventura con triple signo de interrogación (mi relación con él, el viaje mismo y la pega), o me quedaba acá, con un signo de interrogación: mi relación con él. 


Quizás sea porque me gustan los desafíos, me decidí por los tres signos de interrogación. 


Obviamente conversé con todos mis clientes (entiéndase todos y todas), y todos me apoyaron. Por supuesto que el plan era seguir trabajando desde allá, y delegar en otros abogados los alegatos, ir a audiencias y todo lo presencial. Armé un equipo con cinco colegas quienes me ayudaron. Un signo de interrogación menos.


Primogénito se oponía tenazmente, me advirtió de peligros y de inexistencia de papel higiénico, al punto que tuve que empezar a hacer la tarea de investigar sobre nuestro lugar de destino.


En esa época, las paginas web de distintos países y gobiernos, recomendaban no viajar a Nigeria, ya que era un país peligroso, estaba el Boko Haram (un grupo terrorista fundamentalista islámico) secuestrando gente, poniendo bombas, etc. Además, las enfermedades: malaria, poliomelitis, cólera, hepatitis, y un sin fin de etcéteras que obligaban a ponerse ocho vacunas, y agregado a lo anterior, por supuesto, el tema del agua. El agua potable no existía en ninguna parte del país, excepto en el edificio del  Banco Central, que tenía su propia agua.  


En síntesis, partir para allá era algo como "sálvese quien pueda". Era más que un desafío común, pero mi corazón, el alma entera, quería estar con Carlos.


Como en Nigeria hay una importante cantidad de la población Musulmana, pensé que quizás debía vestirme de alguna forma especial, usar el hiyab o qué se yo. 

Carlos mandó un mail al Banco preguntando cómo se tenía que vestir su señora, y después de una semana contestaron: "Con respeto".  Yo 👇





Imposible saber qué diablos llevar en cuanto a vestuario. En todo caso, estaban felices de que él fuera con "madame" porque de esa manera se evitaba, en su cultura, que Carlos se "distrajera" de su trabajo.


Como ya estaba completamente determinada, primogénito se allanó (me conoce, salió de mi guata, sabe que si me llego a determinar a hacer algo, nada me detiene), e hicimos un plan. El y Alzbieta (mi nuera, alias Bietusch, Isa, o cariñosamente "gorda" aunque es flaca como tallarín vestido) iban a ir a España de vacaciones en la misma fecha que nosotros a Nigeria, así que aprovecharíamos de juntarnos en Madrid. 


Aquí voy a hacer un paréntesis de contexto, como siempre: Mis hijos y yo  teníamos la costumbre de hacernos bromas, una especie de bullying amoroso, trolleo, y a veces estas bromas se planificaban con semanas, meses de anticipación. Carlos fue víctima de una de esas travesuras, que comenzó un par de meses antes de partir.


Formar una familia ensamblada, con los "tuyos y los míos", no es fácil. Nosotros teníamos además el agregado de que como yo tuve hijos siendo muy joven,  Carlos los tuvo más viejo, y más encima yo soy cuatro años mayor que él, los "suyos" (Carlos -Caco- y Graciela tenían 6 y 3 años de edad, y los "míos", Aníbal y Carlos, tenían 26 y 24. Gran diferencia. 


Cuando llevábamos algunos meses juntos, antes de partir a Nigeria, conocí a Caco y a Graciela. Pasado un tiempo les pedí permiso para pololear con su papá, y ambos me dieron luz verde.


Carlos, por su parte, que es harto más serio y conservador que yo, quiso hablar formalmente con mi hijo Carlos (el único que estaba en Chile), lo invitó a tomar once al Tavelli, y serio como es, le dijo algo como "Quería hablar contigo y explicarte que mis intenciones con tu mamá son serias", cual caballero pidiendo la mano al hijo de una. Por supuesto que mi hijo se sorprendió, porque no esperaba tal declaración de principios, y yo tampoco. 


Mi sorpresa fue aún mayor, con la respuesta de mi hijo: "No te preocupes por mi, no tengo problemas con que mi mamá pololee contigo, o que se vayan juntos a Nigeria, pero ten cuidado con Aníbal. Mi hermano es muy serio, tienes que hablar con él y personalmente, no puede ser por teléfono. No creo que él esté de acuerdo con que vivas con mi mamá sin casarte". 


Por más que le expliqué a Carlos J. García que mi hijo lo estaba trolleando, que el más chacotero de la familia es Aníbal, no hubo caso. Igual quedó preocupado, y quizás ese hecho influyó también en que quisiera que nos reuniéramos en España, lo que implicaba un gasto extra. 


De este modo, comenzamos nuestra aventura. El viaje era: Santiago-Sao Paulo-Madrid-Londres-Abuja, quedándonos tres días en Madrid para encontrarnos con la gorda y Aníbal, y aprovechar de ver a mi querida amiga Guadalupe Morales. 


Continuará...




domingo, 2 de mayo de 2021

SECUELA: Esto no ha terminado. La sobrevaloración de una puede ser mortífera.


 


En serio, esto de la sobrevaloración de uno misma podría ser fatal. Me siento como si estuviera parada en el borde de un xenote a punto de ser sacrificada, y de hecho creo que lo merezco, por gil. 


Con posterioridad a los hechos relatados el día de ayer, han habido acontecimientos merecedores de una secuela.


Resulta que como la ropa que estaba dentro de la secadora quedó como para ser ingresada a una UTI, obviamente la lavé. Primer lavado, seguía presente, aunque disminuido, el aroma pestilente del ex-Jerry. Segundo lavado ya con agua tibia, ídem. Tercer lavado con agua tibia, también, aunque ahora tengo la duda de si acaso el olor quedó vivo dentro de mi nariz, cerebro o neuronas, o si proviene de la ropa. 


A estas alturas ya estoy más allá de la duda razonable. Jerry estuvo, vivo y muerto como el gato de Schrödinger, junto con la ropa, dentro del tambor de la secadora. Entonces, la pregunta que viene, naturalmente, es:  ¿Se podrá volver a usar algún día, sin lavarla en cloro puro?


De este modo, tuve que recurrir a los amplios conocimientos científicos de mi amigo Cristián Muñiz, quien se ha auto-declarado como mi médico guardián, y ahora pasó a ser médico de la ropa.


Entre paréntesis, esto de de voluntariamente auto designarse la calidad de doctor-guardián por parte de Cristián, es una tarea no menor, dada mi adicción a los shocks anafilácticos, que dan para entrada aparte. Por ahora, sólo diré que me gasté las vidas de un gato, porque llevo siete eventos de aquellos.





Debí pensar en eso antes de intentar dedicarme a cazar ratones. 


Ante la pregunta de si acaso la ropa es salvable, o si definitivamente me tengo que deshacer de ella, (incluyendo las típicas prendas regalonas que una siempre tiene, de esas que aunque tengan 10 años las sigues usando) me contestó con una explicación lógica indestructible: la ropa que usan los médicos, por ejemplo para operar, simplemente se lava. 


Aún así, obsecadamente o mejor dicho ya francamente obsesionada, le pregunté si acaso la ropa de los anatomopatólogos también se lava y se vuelve a usar, porque claro, esto ya es cuestión de ratonsopsia. Y si, se lava y se vuelve a usar.


Al respecto, tengo el temor nada de infundado que el asunto de la ropa vaya más allá de la lógica y de las ciencias, sino que de veras no tengo idea si me podré sobreponer a la historia de la ropa como para volver a ponérmela, o al duelo de la misma. Eso queda como duda permanente y nada de razonable.


Más encima, anoche y esta mañana escuchamos a un residente en el entretecho, o sea, al menos uno sobrevivió, o llegó uno nuevo. Eso significa que tengo dos opciones: primera, subir de nuevo al entretecho a poner más veneno porque todavía me queda, o, segunda, dejar a él o los infames intrusos continuar con su vida, hasta contratar a algún exterminador tipo Terminator, o mejor aún, un John Wick ratonicida. Si, mejor John Wick, porque Terminator es demasiado vintage. 


El riesgo de ir a poner más bolsitas asesinas, es obviamente encontrarme con un escenario imposible de olvidar, merecedor de terminar internada en una clínica psiquiátrica. 


En cuanto a la segunda opción, el riesgo de esperar a que venga John Wick, es que el entretecho se transforme de nuevo en una fiesta interminable de visitas indeseadas, y probablemente igual terminar internada necesitando electroshock con calco, o sea doble, como para que mis neuronas se reseteen por completo.


No logro decidirme. Quedo atenta a sus comentarios. Por ahora, lo único que tengo claro es que la Teniente Ripley tenía razón respecto de los alien, y quizás también su solución sea la única definitiva para los Jerry. 

Ripley: "…I say we take off and nuke the entire site from orbit. It's the only way to be sure." 


Algo así como "Yo digo que nos tenemos que ir de aquí y tiramos una bomba nuclear desde la órbita. Es la única manera de estar seguros".



To be continued...


Atte., Aweli Vintage. 


PD: Primogénito leyó la entrada anterior y recordó que cuando nosotros remodelamos la casa hace como 20 años gracias a Darío, salió un Jerry corriendo por el patio, los maestros lo perseguían con palas y escobas, y cual sobreviviente de un callejón oscuro en absoluta inferioridad de número y tamaño, Jerry logró sortear todos los ataques durante un buen rato, hasta que la Souji, logró capturarlo.  O sea, probablemente fui culpable de enviarle a mis vecinos lo mismo que mis vecinos de ahora con su remodelación nos dejaron a nosotros. Mis vecinos están perdonados.


Para efectos de conocer a Darío y a la Souji, pueden leer los homenajes a Darío y a Titán, entradas anteriores.


PD2: Carlos inventó una tercera opción. Dice que va a comprar trampas y las va a poner él mismo en el entretecho, encargándose también del retiro de especies. Quiero ver eso.

PD3: Sigo escuchando al habitante de arriba. No sé si es macho o hembra, pero le acabo de cambiar el nombre: se llama Catalina De los Rios, alias La Quintrala. 

Unas horas después del cambio de nombre, me pareció insuficiente, la llamé Lucrecia de Borgia, pero mi amiga Mónica me iluminó: no son ratones,  son Gremlins!! No sé cómo no se me ocurrió antes, seguro salieron después de la medianoche a tomar agua y se transformaron!

sábado, 1 de mayo de 2021

EL PROBLEMA DE LA SOBREVALORACION DE UNA MISMA (CONTENIDO LEVEMENTE REPUGNANTE)


Una de las peores cosas que una puede hacer, es sobrevalorarse. Eso me pasó esta semana, rotundamente, o mejor dicho, ratonamente.


Para dar un contexto previo, tengo que explicar dos cosas: primero, que como viví años en el campo, conozco más o menos bien el comportamiento de los ratones. 


De hecho, en Buin, había uno que todas las noches durante varias semanas, se paraba tranquilamente por fuera de la ventana de mi dormitorio. Silenciosamente nos mirábamos, vidrio de por medio, lo que no me molestaba en lo más mínimo y hasta le puse nombre. Jerry, obvio. Hasta que una noche de puro maldadosa le grité "Buh!", Jerry salió corriendo y nunca más volvió (que yo sepa). 


Así, resulta que no les tengo miedo a esos bichos, y a mayor abundamiento puedo decir con certeza que ellos nos temen más a nosotros. Un ratón nunca se va a acercar a uno a morderla o atacar, como podría hacerlo un perro. Se arrancan, huyen por su vida. 


Segundo contexto: Mi vecinos de la casa del frente decidieron hacer una remodelación el año pasado, comenzó en verano y con pandemia y todo martillaron y botaron muros y escombros durante casi todo el año. Generalmente (por no decir siempre), cuando hay demoliciones o remodelaciones, los ratoncitos que viven en el lugar o cerca, salen arrancando y buscan un lugar que en su concepto particular, es seguro o que creen que sería seguro.


De este modo, llegaron a nuestras vidas, o mejor dicho a nuestro entretecho, varios. Ignoro la cantidad exacta, pero mi marido y yo los escuchamos en la noche durante varios meses, y como somos rigurosos en cuanto a medidas sanitarias por el COVID19 y no queremos ser covidiotas, decidimos que no era el momento de contratar una empresa de esas que se deshacen de roedores. 


Por supuesto que se multiplican, y rápido, así que al poco andar, en las noches el entretecho parecía estar de fiesta y claramente nuestros co-habitantes no invitados no respetan las medidas sanitarias y les importa un soberano rábano reunirse en grupos de más de diez. 


De este modo, llegó el momento en que definitivamente había que hacer algo, y aquí viene mi sobrevaloración. Claro que en el desarrollo de los acontecimientos también influyó un contexto extra que es necesario explicar.


Resulta que mi marido, quien como ya saben, mide 1.95 mts. (lo que hace que una piense que es una especie de ser sobrenaturalmente dotado de facultades protectoras), nunca tuvo una relación amistosa con mi Jerry, ni con ningún otro.  Eso lo descubrí hace años, una vez que estando en el campo, nuestro gato nos trajo de regalo a un ratoncito que había cazado, con la mala suerte para mi cónyuge, de que estaba vivo y empezó a correr dentro de la casa. Obviamente, siendo hombre, dijo algo así como "no se preocupe, yo lo saco", cuando yo en realidad no estaba ni preocupada, para mi es simple, hay que cazarlo y sacarlo de la casa. El asunto es que el ratoncito terminó escondido detrás de mi velador, y mi marido, cada vez que yo movía algún mueble para que él le diera un buen escobazo, más bien se echaba para atrás. 


Así, en aquella oportunidad, decidí invertir los roles, tomar el toro por las astas, o sea agarrar la escoba, y encargarme personalmente del pequeño intruso, lo cual hice en forma muy eficiente.


Entonces ahora, mi marido quería contratar a una empresa asesina de roedores, pero yo pensando en las normas sanitarias y confiando demasiado en mis destrezas campesinas, pensé que podía hacer lo mismo que hace años en Casablanca, así que armé un plan. 


Apliqué mercado libre, compré un súper veneno de esos que no sólo extinguen sino que dejan al bicho disecado, y un día entre una audiencia, almorzar, lavar platos, y varias reuniones, decidí ir a meterme al entretecho. 


Como planifiqué bien el asunto, me saqué la ropa de abogada, y premunida de botas, guantes y ropa vieja comencé la tarea auto encomendada. El primer obstáculo que encontré, fue que habían varios cachivaches que tapaban la puertecita de entrada al entretecho, algunos pesados. Bajé a pedirle a Carlos que me ayudara a moverlos, pero me contestó rotundamente (o, de nuevo, ratonamente) que estaba ocupado y no podía. Confieso que le hice bullying todo el día después, (y ahora queda por escrito) porque me pareció que en realidad no estaba tan, tan requetecontra ocupado como para no poder tomarse dos minutos en subir al segundo piso y mover un par de cosas. 


Logré despejar el camino, y meterme al entretecho, claro que estando ahí no pude encontrar el interruptor de la luz así que me vi en la necesidad de volver a buscar una linterna, que mi marido sí tuvo tiempo de buscar. 


Finalmente, dejé una cantidad considerable de bolsas asesinas para cometer un magno ratonicidio. Aproveché también de hacer lo mismo en una bodega que tenemos y en el patio, obviamente en lugares de esos a los que sólo pueden acceder los ratoncitos, y no mi perro. 


Fueron dos o tres días y noches de escuchar corridas, idas y venidas, golpes, y por supuesto que ni a mi me dieron ganas de subir al entretecho para saber qué diablos estaba pasando ni cuántos residentes teníamos.  


Al tercer día, un olor indescriptible en el patio, que emanaba muy específicamente de la zona donde estaban la lavadora y la secadora. 


Hasta ahí no más me llegó la valentía, y ahí estaba mi super sobrevaloración. De ninguna manera iba a ir a descubrir dónde estaba el ex-ratón y sacarlo de donde sea que estuviera, así que nuevamente recurrí a mi compañero y ejerciendo el recurso de súplica, le pedí que indagara e hiciera el retiro de la ex-especie. 


Por supuesto que Carlos me dijo que estaba ocupado, luego que tenía que esperar a que la secadora terminara de secar ropa (le dije que era mejor apagarla pero no me hizo caso), al día siguiente que estaba ocupado, y al siguiente también. En el intertanto el olor había desaparecido. Aparentemente.


Hoy decidí firmemente ir a sacar la ropa de la secadora, y cual no fuera mi sorpresa al descubrir que la ropa olía a rayos, centellas, y ratón muerto. Tenía que estar sí o sí, dentro de la secadora. 


Cual mujer del siglo XVIII, casi me dio un soponcio y recurrí al hombre de la casa, quien cual caballero de la misma época o anterior, premunido de una mascarilla atómica, guantes astronáuticos y herramientas varias, desarmó la secadora completa, sin embargo, el bicho no estaba en ninguna parte. En el intertanto, se me ocurrió que dado el olor de la ropa, aunque no encontraran a Jerry, igual la secadora podría haber fenecido, así que cuando ya estaba entera desarmada y era altamente improbable que pudiera volver a ser armada, apliqué mercado libre de nuevo, esta vez para comprar una secadora. 


Entremedio, de toda esta situación del partido Carlos vs Jerry estuve en una reunión con mis queridos colegas de REDAN CHILE, y vi una conversación en live en IG entre José Andrés Murillo y James Hamilton, que entre paréntesis, estuvo espectacular. 


Salí a liberar a mi cónyuge/caballero-de-mesa-redonda de la asquerosa tarea que estaba realizando, con la noticia que era mejor rendirse y botar la secadora porque compré una nueva, y me encontré con una sorpresa totalmente inesperada. 


Carlos no se rinde. 


Siguió buscando, (de hecho fue MeJa -Graciela- quien con sus ojos de lince vio la punta de la cola dentro del tambor de la secadora), y mientras Graciela y yo observábamos, sacó el filtro de pelusas , tiró la cola y ahí salió Jerry que no era nada de chico, y las dos gritamos al unísono. 


Ahora Carlos me está haciendo bullying y me lo merezco. De hecho, esta entrada es auto-bullying.


RIP Jerry & cía

RIP Secadora

UTI : La ropa

SIN DIAGNOSTICO: El entretecho.


Conclusiones: 

- No es lo mismo no temer a los ratones que sacar cadáveres de los ídem.

- Carlos es mucho más valiente que yo.

- Habría sido mejor contratar una empresa. 


La secadora, QUEPD 



¡Hasta la próxima!





domingo, 28 de marzo de 2021

Segundo homenaje: Titán.

 La historia de Titán no puede empezar cuando nació, como cualquier historia, sino antes. 


Como expliqué en el pequeño homenaje a Darío, en el año 2009 sufrí un asalto estando sola en la casa. Fue terrorífico. En esa época, Carlos y yo hacía poco que vivíamos juntos, primogénito (Aníbal) se había ido a vivir a República Checa (no se suponía que se quedara para siempre, pero lo hizo, gané una nuera maravillosa que dice la palabra "huevadas" con todas las letras, y dos nietas exquisitas), hijo menor estudiaba en la universidad, y teníamos una perrita Chow-Chow, que mordió a medio mundo cuando era joven, pero ya tenía como 12 años, estaba viejita. La Souji. 


(Souji con primogénito, 1997)


Esa noche yo estaba trabajando en mi pequeño escritorio, concentrada escribiendo algo, en total silencio. No tenía prendida la radio, ni la tele. La silla del escritorio daba la espalda a la entrada de la pieza, Gran error que nunca más cometí. De repente sentí una presencia detrás mío, pensé que Carlos había llegado más temprano y me di vuelta para decirle "Hola mi amor" pero no era él, era un joven a quien no conocía. Pensé entonces, que hijo Carlos había llegado con algún compañero de la U a quien yo no conocía, lo miré y me quedé esperando a que me dijera "Hola tía", pero no me dijo nada. Enseguida apareció otro joven, y pensé que mi hijo había llegado con dos compañeros, y recién, cuando entró el tercero con pasamontañas, me pegué el alcachofazo y pensé "conchemimadre, me están asaltando!". Atrás figuraba la Souji, viejita, moviéndole la cola  a los bandidos.


Ese día, la desheredé. Le dije que la iba  cuidar siempre, pero estaba despedida como guardiana de la casa. 


Conversamos con Carlos y estuvo de acuerdo en que necesitábamos otro guardián. Empecé a estudiar distintas razas de perros, pensé en un Akita, pero los niños de Carlos eran chicos, y los Akita pueden ser un tanto impredecibles, así que me decidí por un San Bernardo. Son cariñosos, pacientes con los niños, y a la vez buenos guardianes. Claro, comen un montón, y hay que cuidarlos harto, peinarlos todos los días, etc.  Además, como son enormes, la vida de un San Bernardo no es larga, difícilmente pasan los 10 años, pero son 10 años que valen la pena.


Nos cambiamos de casa, Carlos compró una más grande porque necesitábamos dormitorios para "los tuyos y los míos" y entre otras razones porque es súper protector, sabía que quedé traumatizada después del asalto. 


Así, partimos en la búsqueda de un compañero perruno, y compramos a la Nieve, yo super ignorante no me di cuenta que no era realmente una San Bernardo porque no tenía la máscara negra alrededor de los ojos, tenía la cara blanca, era casi entera blanca y de ahí su nombre.  Pasaron unos meses, y encargué que la entrenaran en Chilcoa, que es un club para pastores alemanes, pero la recibieron igual. La vinieron a buscar a la casa, y me la traerían más tarde. La trajeron, pero muerta. La pobre sufrió un infarto mientras corría, parece que tenía algún problema cardíaco que no se había detectado.


(Nieve, agosto 2009)


La pena fue grande, quedamos bastante tiempo con pocas ganas de tener otro perrito, pero yo seguía con la necesidad de tener un compañero peludo de cuatro patas que nos cuidara. A veces quedaba sola en la casa, tardes enteras y hasta la noche, o Carlos viajaba por razones de trabajo, y me daba terror sufrir otro asalto. Casi dos años después, en abril de 2011, secretamente googleé hasta encontrar un criadero de San Bernardo, y encontré uno. Haciendo total trampa, un sábado que estábamos con con los niños de Carlos, les propuse ir a "pasear" a Buin, y justo ¡Qué casualidad! llegamos a un lugar donde habían muchos perritos, en la entrada un San Bernardo majestuoso, que se llamaba Titán. Era el papá de una camada de la que quedaban sólo tres hijitos. Obviamente los niños se enamoraron de los cachorros, y Carlos no se pudo resistir a sus ruegos, ni a los míos. Uno de los cachorros se me acercó, me empezó a langüetear, y no se separó de mi desde entonces. Me acordé que en realidad, los perros la eligen a uno, no al revés, así que volvimos a la casa con ese cachorro maravilloso. Le pusimos Titán, como su papá. 


Carlos al principio no estaba para nada convencido, más bien se allanó porque éramos tres contra uno, pero para junio ya lo adoraba. 



Desde el principio, Titán era celoso. Si yo me acercaba a hacerle cariño a la Souji, él literalmente se metía entremedio. Le gustaba estar conmigo, se echaba a mis pies cuando estaba trabajando, y cuando yo me levantaba él instantáneamente hacía lo mismo y me seguía. 


Crecía por minuto, y cada día que pasaba estaba más hermoso. Cuando tenía seis meses, contraté a un adiestrador que me recomendaron, Leonardo Farías, alias "el Leo". El pertenece a un institución y se dedicaba a adiestrar a los "funcionarios caninos", así que experto. Como la idea era que Titán me protegiera, me tocaba participar del adiestramiento para que me obedeciera, así que a veces Leo salía solo con él, a veces yo iba también.  Uno de los aspectos más importantes, especialmente con un San Bernardo, es entender que por la fuerza uno nunca puede ganar. Son capaces de tirar 200 kilos, o más. Eso lo aprendí cuando Titán tenía 7 meses, un día quiso perseguir a un gato y yo -idiota-  no solté la correa. Terminé aterrizando de cabeza, y me quedó de recuerdo una cicatriz en el ojo. 


Leo me enseñó todos los trucos para evitar desastres, como por ejemplo si Titán intentaba correr  (o mejor dicho, galopar) ante alguna contingencia inesperada, rápidamente envolver un árbol o un poste con la correa (por cierto, hecha por Leo a mano) estar atenta a las "señales de alerta", y tranquilizarlo y un sin fin de detalles más. Pasados varios meses, Titán sabía que se tenía que sentar para esperar que le diéramos la instrucción de cruzar la calle. Aprendió a no perseguir gatos, ni palomas, ni pelotas y por supuesto,  a socializar con otros perros. 


Titán era un gran comilón, como lo dije en la entrada anterior, una vez se comió un montón de yeso. En otra oportunidad, yo había hecho  un pollo en el horno, lo saqué, lo dejé encima del mesón de la cocina, fui al baño, volví y el pollo había desaparecido. Alguien había dejado abierta la puerta de la cocina, encontré a Titán con cara de "yo no fui", unos pocos huesos, y nos quedamos sin almuerzo.


Había, eso sí, un detalle: le dio por comer ropa, paños, esponjas. Particularmente la mía. A los 7 meses se tragó dos calcetines y tuvimos que operarlo, así que Leo diseñó una serie de estrategias para que dejara de hacerlo. Le echamos un líquido aversivo a calcetines y se los poníamos en la nariz, un montón de cosas, pero no había caso. Aprendió a saltar y botar la ropa tendida, pusimos globos para que se reventaran y que dejara de hacerlo por el sonido. No resultó, seguía tratando de tragar vorazmente calcetines, calzones, lo que pillara. Finalmente nos dimos por vencidos, decidimos que toda la ropa chica se colgara en un lugar al que él no tenía acceso, jamás dejar calcetines tirados dentro de  la casa. 


Pese a ello, de vez en cuando, nadie sabe cómo, lograba robarse una esponja o un paño de cocina, los que luego aparecían en sus lulos, en forma perfecta de intestino. Excepto una vez, que Carlos lo estaba paseando. Titán hizo sus tres kilos de lulo correspondientes, Carlos los recogió y observó que algo le colgaba a Titán del trasero. Menos mal que llevaba más de una bolsa. Se armó de valor, agarró la cuestión y era... ¡una pantimedia mía, completa, a todo lo largo!


Con todo el cuidado que teníamos, se nos pasó un detalle: la pieza del planchado.  En el 2017, en un instante de descuido, estaba abierta la puerta de la cocina y la de la pieza del planchado. ahí se tragó un par de calcetines de mi marido, enrollados en una bola. 


Esa fue la segunda operación. Después de esa, el veterinario dijo : "Cuidado, no va a sobrevivir a una tercera operación".


Así, tomamos más precauciones, para no dejarlo entrar a la pieza del planchado. A esas alturas también teníamos dos gatos, producto de una negociación con mi marido. El es persona gatuna y yo perruna, me tuve que rendir por principio de reciprocidad, así que aprovechamos de poner un letrero en la puerta de esa pieza con las advertencias correspondientes.




En el intertanto, la segunda parte del adiestramiento de Titán era para que protegiera la casa, y a mi. Eso lo hizo Leo junto con otro adiestrador, que hacía de "ladrón". Al principio, Titán le movía la cola al "ladrón", pero después de varios meses, estaba claro que jamás dejaría entrar a nadie que no fuera invitado. Los San Bernardo no son agresivos, pero si llegan a morder le pueden quebrar el fémur a una persona. Titán estaba adiestrado para primero, advertir, luego botar a la persona al suelo y echarse encima, y como último recurso, romperle una pierna o un brazo. A esas alturas, Titán ya pesaba cerca de 65 kilos, comía un kilo de comida al día, y cagaba como tres. Nunca entendí esa falta de proporción. 


Si yo le decía "Quien anda ahí", Titán recorría toda la casa. Si le decía "cómetelo", atacaba. Así de simple. En todo lo demás, era tierno, paciente, y muy cariñoso. 


Se convirtió en el Brad Pitt de los perros cuando salíamos a pasear, mucha gente se nos acercaba, a los niños les fascinaba, así que cuando lo querían tocar, hacerle cariño, yo le daba la instrucción de acostarse y eso significaba que no había peligro. 




Traté de encontrarle una polola, así que lo empecé a llevar a exposiciones, fue Champion de Chile dos veces, Vencedor de América Latina y el Caribe, salió hasta en la tele, pero polola no pudimos encontrar. Todas las hembras de su raza que eran igual de hermosas, eran primas. 



(Titán farandulero)


Más o menos en el 2014, se echó a perder el timbre de la casa. Nunca lo arreglamos, porque Titán ladraba sólo cuando había alguien en la reja. No necesitábamos timbre. 


En el 2015, la psicóloga de tres niños, hermanos, quienes habían sufrido grave vulneración de derechos, recomendó que los niños fueran a la audiencia reservada con perro de asistencia. La idea es que los niños se distraigan, se entretengan, y se sientan protegidos. Por eso no sirve llevar un hámster. La audiencia era en Viña. Busqué por todas partes, tratando de conseguir un perrito adiestrado de un programa que tenía la PDI, pero resultó que era un solo ejemplar el que estaba adiestrado, era imposible llevarlo a Viña.


Llamé a Leo, y le pregunté si creía que Titán podría hacer esa labor. Hizo las averiguaciones  correspondientes, y me dijo que sí. Partí al tribunal, certificado de la psicóloga en mano, y pregunté si podía llevar a mi propio perro, ya que no pude conseguir uno "formal". Me dijeron que si, con dos condiciones: 1) El perro tiene que ir con el adiestrador, porque no iba a entrar conmigo a la audiencia.2) "Usted limpia después".


Fue así, que coordinamos el viaje, con los niños, su papá, Leo, mi hijo Carlos (es abogado y trabajaba conmigo) y Titán, además de platos para agua y comida, paños,  cloro, escoba, etc. porque me tocaba hacer de abogada/limpiadora. No era tan simple, además  a Titán había que darle la mitad de su kilo de comida la noche anterior, para que los niños pudieran conectarse con él, darle comida de la mano, saber que no los iba a morder, etc. 


Cuando llegamos al tribunal, los niños estaban felices, pasamos con Titán a una sala especial, y causó un revuelo. Llegaban funcionarios a verlo, jueces, todos impresionados tanto por el buen comportamiento de Titán, como por la contención de los niños, quienes a esas  alturas estaban orgullosos y le mostraban a los funcionarios cómo había que peinarlo, le daban premios, y claro, cuando llegó la consejera técnica para que los niños pasaron a audiencia reservada (de a uno), esos tres pequeños que antes estaban asustados, habían perdido todo el miedo. Felices y empoderados, partieron a hablar con la jueza.


El único inconveniente fue que saliendo de la  audiencia, aún dentro del tribunal, recibí un tremendo combo en el hombro por parte del padre de la demandada (por suerte no de mi cliente, era el padre de la contraparte). En ese momento Titán inmediatamente se levantó, y si no fuera por la contención de Leo, el más lesionado habría sido el tipo que me pegó, a quien tuvieron que sujetar entre Carlos y tres guardias. 


Cuando estudié derecho y decidí dedicarme a Familia, la parte de recibir insultos o golpes, no estaba en la malla curricular. Me determiné a aprender a defenderme, así que me metí a practicar Taekwondo. Carlos se sumó, la verdad era muy buen ejercicio, lo pasábamos super bien, y aprendí a dar patadas y combos. 


Un día, Carlos y yo estábamos en la parcela que tenemos en Casablanca, en la punta de un cerro, obviamente con Titán. Nos pusimos a practicar Taekwondo sin contacto, es decir, las patadas y combos no llegan al cuerpo del otro. Titán estaba más o menos a unos 80 metros de distancia, y yo, por echar la talla, le grité "Titán, ayúdame!". En cosa de segundos llegó, se levantó en dos patas y empujó lejos a Carlos. Para que se hagan una idea, tengo que decir que mi marido mide 1,95 y yo metro y medio. Titán lo alejó, y le gruñó. Quedamos perplejos, Carlos le decía "Oye, cómo me haces esto si te doy comida todos los días!". Llamé a Leo, le conté lo que había pasado, y me dijo: "No lo haga nunca más, Titán está adiestrado para protegerla contra quien sea. Justamente  porque lo conoce, es que solamente le dio una advertencia y no lo atacó, pero a la próxima, lo va a atacar". Obvio que nunca más lo hice.


Mi relación con Titán era especial, es difícil de describir, pero aunque jugara y se entretuviera con otras personas, con los niños, con visitas, siempre estaba pendiente de mi, y sus celos llegaban a tal punto que si yo le daba besos a Carlos frente a él, ¡se interponía hasta alejarlo de mi!



En el verano de 2019, estábamos de vacaciones en la parcela Carlos, sus dos hijos Carlos (Caco) y Graciela -ambos tenemos un hijo que se llama Carlos- Titán, y yo.  Caco estaba barnizando la mesa del quincho y había entrado a la casa. En un momento en que salí a la terraza, veo a Titán tragando algo con dificultad, salí corriendo a tratar de ver qué era y quitárselo, pero se apuró más en tragar. A gritos pregunté qué había en la terraza, qué se tragó Titán. Ahi supimos que Caco había dejado sobre la mesa dos paños de cocina, de esos que son de tela como toalla, y ahora había uno. Titán se tragó el otro.


Lo operaron, lograron sacarle el paño, y a los pocos días estaba listo para irse de alta. Ese día, comenzó a tener fiebre. Hicimos de todo, Carlos fue a un hospital a conseguir no sé qué cosa que necesitaba, yo buscando medicamentos especiales, dejé de atender clientes y pasaba horas con Titán en la clínica, todos los días. Me acostaba al lado de él en el suelo, usaron el pabellón para tenerlo, pusieron ventiladores, fueron como 15 días en los que a ratos parecía estar mejorando, y después empeoraba. Le fallaron los riñones, el hígado, tenía septicemia. Todos los días yo le rogaba que no se fuera, y él, aunque se notaba su decaimiento, hacía el esfuerzo de levantar la cabeza cuando entraba a la habitación y lo saludaba. 


(Titán y yo, conversando en la clínica)


A pesar de todos los esfuerzos de los veterinarios, Titán empeoraba. Recibía visitas, Mi hijo, los hijos de Carlos, su veterinaria de toda la vida, Francesca, la Berni que lo bañaba, y Leo, quien lo fue a ver a pesar de que estaba con una lesión en la espalda. Aunque con Leo no se veían hacía años, Titán lo reconoció altiro. Leo lloraba a moco tendido.


(Titán  con Leo en la clínica, ahí Titán ya casi no sostenía la cabeza).


Con el paso de los días, Titán dejó de recibir comida. Estaba queriendo partir, pero yo seguía rogándole que se quedara. Le decía "Titán, no te puedes ir, me debes dos años más, aparte eres virgen, y no has encontrado el zorro de Casablanca, ¡te quedan muchas cosas por hacer en la vida!".


Hasta que un domingo, que habíamos estado en la clínica casi todo el día hasta la hora de cierre (12 de la noche), me cayó la teja. Carlos y yo habíamos llegado a la casa recién, nos estábamos tomando un café, y de repente, de la nada, se me ocurrió que Titán necesitaba mi permiso para irse, literalmente. 

Decidida, le pedí que volviéramos a la clínica para "conversar" con él. Mi marido es científico, pero a la hora de las intuiciones, me apaña, así que partimos de vuelta a la clínica. Amorosos, nos abrieron, y nos dejaron pasar. No hice más que acostarme al lado de él, y decirle que si quería se podía ir, y en ese momento comenzó inmediatamente a convulsionar, falla respiratoria... y lo dejamos partir. El veterinario de turno dijo que lo iba a anotar en la ficha clínica, porque nunca había visto una relación tan profunda entre dueño y perro.  Titán era, literalmente, un miembro de la familia.


Titán, te echo de menos. 


PD1: Souji falleció en el 2013, a los 16 años. 

PD2: Ahora tenemos un Akita Inu, precioso, se llama Senshi.

PD3: Leo hace hasta el día de hoy, correas y collares de cuero, preciosos y absolutamente indestructibles. Doy fe. En FB es Arte Rústico Báruck

PD4: Recién a partir de 2018 comenzó un programa de la PDI con el Poder Judicial y Fiscalías, para perros de contención emocional de niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual. Todavía no se ha hecho lo mismo en Tribunales de Familia.